Historia Palau de la Música Catalana

    Historia Palau de la Música Catalana

    El Palau de la Música Catalana (Palacio de la Música Catalana) se encuentra en el Barrio de la Ribera de Barcelona (Calle Sant Pere mes Baix s/n). Diseñado por el arquitecto catalán Lluís Domenech i Montaner, forma parte de los edificios más representativos del modernismo catalán. Construido entre 1905 y 1908, el edificio acoge la sede del Orfeón Catalán (Orfeó Català), fundado por Lluís Millet y Amadeo Vives en 1891.

    Su construcción fue un encargo solicitado por el propio Orfeó Català con el objetivo de convertirse en su sede social, y fue declarado Monumento Nacional en 1971.

    El 9 de Febrero de 1908 se inaugura como auditorio para conciertos de música de orquestra e instrumental, aunque con el paso de los años numerosos actos culturales, políticos, obras de teatro han tenido lugar en su escenario.

    Actualmente, y debido a su excelente acústica, siguen pasando muchos de los mejores intérpretes y batutas de la escena internacional, desde Richard Strauss hasta Daniel Bareinboim, pasando por Stravinski, Arthur Rubeinstein, Pau Casals y Frederic Mompou).

    Construido sobre el claustro del convento de San Francisco dispone de dos elementos muy claros que muestran la tipología e innovación tecnológica del proyecto.

    Por una parte, su sala de conciertos, construida en el patio en la medianera solar con la iglesia para que la sala de conciertos mantuviese la misma distribución y la entrada de luz que la construcción original.

    Por otro lado, la ubicación del auditorio en el primer piso, aprovechando los distintos tramos de escalera para su fácil acceso, dejando la planta baja para las oficinas del Orfeó Català.

    En su fachada podemos encontrar innumerables esculturas relacionadas con el mundo de la música, que se funden con una arquitectura modernista y barroca. El trencadís y el vidrio se pueden encontrar a lo largo de toda la construcción.

    En su interior destaca en la sala de conciertos la gran claraboya realizada por Antonio Rigalt i Blanch, que predomina en lo alto de la sala como un gran sol con forma de esfera invertida, de cristales dorados en el centro, otros más suaves azules alrededor y blancos que representan bustos femeninos.

    Sobre el escenario 18 musas modernistas en relieve danzan saliendo de los muros, portadoras de instrumentos musicales y sobre ellas el gran órgano que en 2003 fue restaurado gracias a las aportaciones privadas y particulares que tuvieron la oportunidad de apadrinar un tubo.