Espectáclulo Homenaje a Carmen

    Hoy se rinde homenaje a la célebre bailaora de flamenco de barcelona Carmen Amaya, la bailaora internacional catalana

    Esta tarde, es una tarde que tiene cierta magia. Esta casa y este escenario, después de 42-43 años ya…, ha vivido muchos momentos de magia. En ese calendario del milagro del arte, figurará esta tarde, porque también es la primera vez que en  Tablao Flamenco Cordobes se hace un acto de esta naturaleza.

    Y, bueno, siguiendo nuestra ambición, para hablar de una cosa tan importante de la que vamos a hablar como es de la célebre bailaora de flamenco de Barcelona Carmen Amaya y de lo que ha supuesto en la historia de nuestra cultura y del flamenco en Barcelona, no podríamos hacerlo de cualquier manera y, en fin, tuvimos la suerte de poder convencer, recuperar, a un personaje que en este contexto flamenco, un personaje que ya estaba apartado de estas funciones, pero que forma parte de la historia de todo esto, que durante 10 años desde Radio Nacional de España, nos dio a todos los aficionados, nos hizo sentir orgullosos de ser flamencos, por la rigurosidad, por la categoría, por la clase que desprendía aquella emisora y aquel programa, eso se lo debemos a Juan de Dios Ramírez Heredia, al cual le convencimos para que hablara hoy de Carmen Amaya.

    Y, a tal señor tal honor. Le hemos buscado una escolta de lujo, para después de su exposición hacer comentarios verdaderamente enriquecedores, como es mi amigo entrañable y maestro, Antonio Fernández “Fosforito”, qué vamos a decir que no esté dicho ya…, a Gonzalo Rojo, que es un gran maestro, uno de esos maestros que, en fin, se pasan las horas , los años y los días en un despacho escribiendo y enseñando y sacando al mundo muchas cosas que sin él no conoceríamos, que es el mismo caso y las mismas circunstancias que ocurren con Emilio Jiménez Díaz, que es además un Trianero de Honor, que no es cualquier cosa. Y para rematarlo, lo que da a esto la identidad absoluta, es la presencia aquí de parte de la familia que queda de Carmen Amaya, es un regalo para nosotros que estén aquí y son Winy y Karime. Y como no podía ser menos, hay en esta ciudad, ha habido un barrio que se llamaba el Somorrostro y hay una tradición gitana tan profundamente arraigada, tan arraigada que de allí salieron y salió esta figura universal y no podíamos por menos que invitar a quien representa esas esencias del mundo gitano, que en este momento es la Asociación Gitana de La Mina, que representa Rafael Perona, que además de eso es un cantaor extraordinario al cual yo no he oído pero tal y como me lo ponen espero que pronto lo podamos oír.

    Y ya cedo la palabra y gozamos de las ideas y de la disertación de Juan de Dios Ramírez Heredia.

    Exposición de D. Juan de Dios Ramírez Heredia, abogado, periodista y presidente de Unión Romaní y diputado del Parlamento Español durante 20 años.

    Si yo te dijera querido Luis que estoy preocupado, te diría la verdad… porque me has invitado a enfrentarme a un reto, al menos excepcional para mí. Yo te decía hace unos momentos y a nuestros amigos acompañantes, que si tuviera que dar una conferencia, una charla sobre gitanos, no tendría ningún problema, llevo tanto tiempo haciéndolo y es un tema que domino y que conozco tanto, que creo que solamente tendría que apretarme un botoncito y saldría lo que tendría que decir, e incluso si tuviera que hablar de política, porque no, he sido diputado durante veintitrés años continuados en el Parlamento Español, firmé la Constitución siendo diputado por Barcelona, luego doce años en el Parlamento Europeo… ningún problema.

    Pero hablar de Carmen Amaya, hablar de una mujer, hacerlo además con un mínimo de precisión y diciendo cosas que realmente no solo sean verdad, sino que ensalcen la figura de un genio tan importante como es Carmen Amaya, me crea un verdadero problema.

    Y me decían mis amigos, mi familia y los más allegados, “Pero hombre, estas nervioso” – Pues sí, estoy nervioso porque me gustaría ser muy preciso, me gustaría poderles transmitir a todos ustedes lo que yo siento.

    Hoy mismo cuando esta mañana estaba buscando en mi biblioteca y entre mis libros, datos e ideas, que de alguna manera me ayudaran a hilvanar una exposición de Carmen Amaya que mereciera la pena, no me avergüenza, no me avergüenza en absoluto decir que esta mañana una vez más he llorado. No metafóricamente, he llorado. Porque cuando pensaba en la muerte de Carmen Amaya, cuando leía algunos de los testimonios importantes que acontecieron en el entorno de lo que Carmen Amaya representó, cuando sentado delante de la pantalla de mi ordenador busqué en YouTube algo relacionado con Carmen Amaya y me aparece la figura de Isabel Pantoja, cantando aquella canción desde mi punto de vista inigualable, magnífica, aquella letra de León y Solano dedicada a la muerte de Carmen Amaya, una vez más la sensibilidad me llevo a llorar. A llorar por ella, a llorar por lo que ella significaba y por el mensaje que ella transmitía con su baile y con el testimonio de su propia vida. Y a partir de allí, querido Luis, me enfrento a un dilema. Qué hago ofrezco al auditorio una conferencia docta e ilustrada llena de fechas, de citas, trayéndoles a la memoria y al conocimiento la cantidad de libros, artículos, tesis que se han escrito sobre Carmen Amaya, con lo cual yo no sé si en el espacio escaso del tiempo que se me ha concedido aprovechara el público ese chorro de información docta, con el evidente peligro de que se cansen o se duerman, o por el contrario les hablo con el corazón, les ofrezco el testimonio de algunas vivencias que yo he sentido, algunos de los mensajes que hasta mi han llegado y que luego en la medida en que he podido he intentado transmitir.

    Y hacer eso en este Tablao añade compromiso y responsabilidad a lo que desde aquí se pueda decir. Decir Luis que esto es el Sancta Sanctorum del flamenco no lo sé, pero si no lo es le debe faltar poco, por años, por experiencia… porque si estos muros pudieran hablar ¡Dios! cuantas cosas dirían, cuantos testimonios podrían ofrecer de lo que el flamenco ha sido aquí, en esta casa, bajo tu dirección.

    Pienso en Carmen Amaya, y a partir de ahora mismo vamos a hablar exclusivamente de ella, y la memoria me rebota a otra de las grandes figuras coetáneas del mundo del baile, Manuela Carrasco. Dónde nació, dónde se hizo…, sin duda ninguna en su Sevilla natal, pero ¿dónde tuvo el primer reflejo hacia el mundo, dónde se produjo el chispazo que alerto a la afición, para decir ¡Dios! ante quién estamos, quién encarna la sucesión inequívoca del genio de Carmen Amaya? fue aquí en esta casa, en esta casa, en el antiguo teatro Barcelona hoy desaparecido, en la esquina de la Rambla de Catalunya con la Plaza de Catalunya, aquí en esta casa, en el Sancta Sanctorum que ha representado siempre Tablao Flamenco Cordobes de Barcelona, en un sitio por otra parte tan cercano a la propia vida de Carmen Amaya.

    Si Carmen Amaya se casó en la iglesia que tienes aquí al lado, la iglesia de Santa Mónica, situada en las Ramblas barcelonesas, en una mañana temprana, a las 7:30 de la mañana, sin darle demasiada importancia a lo que ella en aquel momento iba a celebrar.

    Queridos amigos hablar de Carmen Amaya, hablar de Carmen Amaya para un flamenco, para un aficionado al flamenco en su conjunto, para alguien que entiende que el baile representa uno de los tres pilares junto con la guitarra y con el cante, hablar de Carmen Amaya es hablar de la síntesis más perfecta que jamás se ha podido dar, al menos así lo pienso yo, en una persona que con toda la sencillez del mundo alcanzó las cotas más altas de grandeza y de fama.

    Por lo tanto, les voy a contar algunas anécdotas que ustedes muy bien saben, algunos reflejos de la vida de Carmen Amaya, y vamos a intentar sacar algún tipo de conclusión, en el ámbito ya de la sociología, de lo que Carmen Amaya fue y de lo que Carmen Amaya de alguna manera intentó transmitir.

    Carmen Amaya era una gitana pobre, muy pobre; quienes somos o hemos sido extraordinariamente pobres, podemos entender lo que esto representa. Quienes por nuestros orígenes como ella, no hemos tenido que aprender en los libros lo que es acostarte por la noche sin tener para cenar, pasar frío por la mañana porque no tienes con qué cubrirte o ir descalcito por la calle extendiendo la mano para que alguien te de una limosna. Cuando esas cosas se han vivido y no ha habido que aprenderlas en los libros y miras la imagen de Carmen Amaya en la miseria más absoluta, en la pobreza de mayor solemnidad.

    Su padre El Chino era guitarrista, él era de Mallorca, era de las Islas Baleares. En principio tenía un oficio, se ganaba la vida como esquilador, pelaba los borregos, pero llegó aquí y se instaló en el Somorrostro, al que antes se refería mi amigo Luis, y allí con su hija pequeñita, pues se irían a este barrio, a estos alrededores, a tocar la guitarra con su niña que bailaba, hacía algo, luego ella vendía papeletas, hacía una rifa, ganaban un poquito de dinero. Dicen los que entendieron y vieron aquellas vivencias de Carmen Amaya en el Somorrostro, que los gitanos de entonces esperaban que El Chino y Carmen Amaya llegara al clarear el día con un poco de pan que habían logrado comprar y algunas monedas que habían conseguido en los tabancos y en los lugares del entorno de esta casa, donde fue el nacimiento artístico de esta gitana, de esta bailaora catalana, española y universal.

    Hay una frase muy bonita de ella que esta mañana he copiado de un libro:

    “Aprendí a bailar”, decía Carmen Amaya, “con las olas del Somorrostro. A mí me enseñó a bailar el mar”.

    Sabéis que Carmen Amaya no sabía leer ni escribir, o no supo en principio leer y escribir, tuvo que aprender a leer y a escribir cuando ya era mayor para poder entrar en los Estados Unidos, porque en aquella época a los analfabetos no les dejaban entrar en los Estados Unidos y, como consecuencia, siendo ya una artista consagrada, o casi consagrada, tuvo que aprender al menos lo elemental para poder entrar en aquel gran país.

    Carmen Amaya, nuestra Carmen Amaya, analfabeta y sabia en la universidad de la vida. Nuestra Carmen Amaya, analfabeta de la ciencia formal y sabia inconmensurable en todo aquello que representa saber estar en el mundo.

    Hay un aspecto de Carmen Amaya que a mí me llama extraordinariamente la atención. De la misma manera que los gitanos somos todos muy aficionados al cine, nos gusta el cine, no sé porque pero la inmensa mayoría de los gitanos, lo recuerdo desde mi infancia más tierna, el ir al cine es como enfrentarte a algo que es misterioso, que es milagroso, donde se producen cosas que imaginación es incapaz de vislumbrar y nos gusta el cine. Bueno, no es extraño que la India sea el país mayormente productor de cine del mundo, más que Hollywood y más que los Estados Unidos., algo tendrá que ver. También los gitanos venimos originariamente de aquella parte del mundo.

    Entre aquellas características, si se quiere, culturales de menor entidad que nos identifica a buena parte de los gitanos del mundo, aparte del cine y muchas otras cosas que podría contar pero que no vienen al caso, esta también que nos gusta mucho lo dulce. ¡Los dulces! Los gitanos que están aquí, que hay unos cuantos esta tarde; ya veo que mi Rafael se sonríe, me está dando la razón en lo que digo. ¿Por qué nos gustan tanto a los gitanos los dulces? ¿Por qué nos gusta tanto ir a las confiterías? Pero si yo me acuerdo, siendo pequeño en mi Puerto Real natal, en Cádiz, cuando lo pasábamos tan mal, en casa de Eduardo que al final de la calle de la plaza tenía una pastelería impresionante y siendo yo pequeñillo con mis hermanos, íbamos allí y mirábamos los dulces que estaban detrás de aquel cristal, con la naricilla pegada al cristal pensando ¡Me los comería todos!

    Y cuando mis tíos, hermanos de mi madre, posteriormente cuando gente de mi familia, también dentro del mundo del arte, empezaron a ganarse la vida y a vivir bien, me acuerdo, querido Antonio, una de las personas más vinculadas con mi familia, como pudiera ser Dios la tenga en su gloria, La Patera de Jerez, tía mía, su abuela y mi abuelo, hermanos…, Pachequito del Puerto, su abuela y mi abuela por parte de madre, hermanas también, pero vamos sobretodo la familia de mi tío El ColoraoEl PescaeroLa Paquera, estos ya empezaban a tener dinero y cuando venían a Puerto Real nos traían cajas de dulces, unos dulces que se llamaban borrachos, eran unos borrachos que estaban impregnados de una crema especial y se les llamaban los borrachos. ¡Cómo nos comíamos los borrachos!

    “Siempre me han gustado los dulces – palabras textuales de Carmen Amaya – Siempre me han gustado los dulces con delirio y me he pasado muchas horas de chiquilla con la nariz pegada a los escaparates de las pastelerías”.

    Esta es nuestra Carmen Amaya, esta es nuestra Carmen Amaya… ¡Claro! No es extraño, como vamos a contemplar luego, que una vez subida en el pináculo de la gloria, reconocida universalmente como el genio de la figura del baile, absolutamente creadora de una manera distinta de comunicar; no es extraño, que ella en el recuerdo de una infancia tan dura, tan extraordinariamente dura, fuera una persona generosa, absolutamente solidaria con las personas que peor lo pasaban.

    Pues esa niña, de la que ahora conmemoramos el centenario de su nacimiento, cuando tenía tan solo dieciséis años experimentó y fue protagonista, de uno de los hechos mayormente conocidos de su vida y que le marcó de forma extraordinaria.

    Se celebraba la Exposición Universal de 1929 y el rey Alfonso XIII quiso participar, como es natural, en los actos fundamentales de un acontecimiento cultural, económico, industrial, tan importante como era aquella celebración y aquel acontecimiento de la exposición Universal de 1929. Y cuando el rey llegó a Barcelona y empezaron a preparar el espectáculo que su majestad iba a presidir desde su trono, como es natural  en el momento del baile juntaron a las figuras más destacadas de entonces y alguien ya dijo Carmen Amaya. Tenía dieciséis años tan sólo, como quien dice todavía casi con el olor del Somorrostro barcelonés, y llevaron a Carmen Amaya y la prepararon, a nuestra Carmen Amaya, todavía no había ido a los Estados Unidos, aún no sabía leer ni escribir. Y la enseñan y la aleccionan, y le dicen una y otra vez el jefe de protocolo de la Casa Real: “Carmen Amaya antes de empezar a bailar te tienes que acercar al trono, donde está su majestad el rey sentado, entonces inclinas la rodilla en un gesto de respeto, miras hacia abajo inclinando la cabeza y cuando la levantes le dices al rey: Majestad el baile que seguidamente vamos a interpretar, lo hacemos ofreciéndolo a su dignísima persona ¿De acuerdo Carmen Amaya?”

    ¡Carmen Amaya! Y se lo hicieron repetir diez veces, quince veces, treinta veces, repítelo otra vez, repítelo otra vez, para que ella que era la figura reconocida más importante de todas las que estaban presentes, le dijera a su majestad el rey con todo el respeto, que el jefe de protocolo le decía, aquella frase. Ya os podéis imaginar, es conocido de todo el mundo lo que ocurrió, pobre gitanilla ¡aquello era demasiado! En aquel momento, con tanto protocolo, con tanta gente pendiente de ella, en cuanto apareció por allí el jefe de Estado, la bailaora dio un paso al frente, ni inclinó la cabeza, ni agachó la rodilla y le dijo en voz alta lo que todos sabéis: “Va por usté, zeñó rey” Y en ese “Va por usté, zeñó rey”, se culminó uno de los acontecimientos más populares conocidos de nuestra Carmen Amaya.

    Con 10 años llegó a Madrid, tenía sólo 10 años… y allí empezó a bailar en el Palacio de la Música.

    Tengo aquí unos cuantos datos que si queréis os los transmito…

    En 1929 ya estaba en el cartel del Colmao de Villa Rosa tan conocido sobre todo por los aficionados.

    Cuando tenía sólo 22 años, en 1935 empezó a trabajar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, entonces ya con Concha Piquer, fijaros bien. Y a partir de ese momento participa en la primera de sus películas, luego intervino en muchísimas más, concretamente ahora me refiero, a La hija de Juan Simón que la hizo con Angelillo y en María de la O.

    Y llegó la guerra civil, la Guerra Civil Española de 1939, Carmen Amaya estaba en Valladolid. Carmen Amaya no era comunista, ni era falangista, ni era de derechas ni era de izquierdas, Carmen Amaya era Carmen Amaya. Carmen Amaya era una gitana que bailaba, que cantaba como los ángeles, pero nada más, pero le cogió en Valladolid y en aquellos momentos alguien le aconsejó “Quítate de en medio, es preferible que no te quedes en España”. Y se fue a Portugal. Y de Portugal Carmen Amaya saltó a América, donde se cumple uno de los aspectos, de las circunstancias que marcan toda su vida de una manera más plena y más rica.

    En España queremos a Carmen Amaya. ¡Dios, como se le quiere a Carmen Amaya en América del Sur! ¡Como se recuerda a Carmen Amaya en América del Sur! Tiene calles en diferentes países que llevan su nombre.

    Carmen Amaya, cuando estaba en la apoteosis de su gloria, renunció a muchísimos contratos millonarios, a muchos contratos millonarios, porque se comprometía a ir a los pueblos más humildes de América, América del Sur, la América hispana, para cantar con su compañía, para bailar con su compañía y hacer que aquellos ciudadanos, los más pobres, los más humildes, tuvieran también la posibilidad de verle.

    Pero es que Carmen Amaya, Carmen Amaya era ella. Carmen Amaya era un remolino, Carmen Amaya era toda vitalidad. Me preguntaba hace unos momentos la joven periodista que está allí con aquella cámara, “Oiga y ¿por qué cree usted que dentro del fenómeno flamenco Carmen Amaya tenía ese impacto y porque los turistas cuando se acercan al flamenco lo hacen con esa fe y con esa devoción?” Y creo que le decía, miré usted, porque el flamenco y el baile tal como Carmen Amaya lo interpretaba, eso representa la vitalidad, la vitalidad llevada hasta sus últimas consecuencias, allí la comunicación es donde se hace más perfecto. Cuando Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, ¡qué alegría! estar sentado hoy aquí al lado de él, hace que la gente le admire, le quiera, no es solo porque cante bien, no es solo porque conoce todos los cantes, no es sólo porque tenga la Llave del Cante, que es el símbolo inequívoco de su sabiduría y de su ciencia, es por algo distinto, y es porque cuando canta comunica y el que comunica, comunica y lo hace bien y llega al alma.

    Cuando Carmen Amaya actuó en Argentina, tiene que intervenir la fuerza pública, y no solamente la fuerza pública, la policía, para poner orden entre la gente que quería entrar en el teatro como fuera para ver a  aquel genio maravilloso. Hasta los bomberos, está escrito en los libros de los biógrafos de Carmen Amaya. Hasta los bomberos tuvieron que intervenir en Argentina para que poner orden a lo que era un frenesí colectivo para ver aquella gitana genial. ¡Claro que era genial! Y lo era por muchas razones, no solamente por la vitalidad ¡qué suerte señor que exista el YouTube, qué suerte señor que exista el cine, qué suerte poderte poner en una pantalla y con la limitación que indudablemente tenía la cinematografía de entonces en blanco y negro, con un celuloide que no tiene audio, en comparación con lo que hoy representa la filmación con las técnicas modernas, pero qué bien poderla ver como yo esta mañana la estaba viendo bailar de una manera que traspasaba, como os acabo de decir, incluso el cristal de la propia pantalla!.

    La principal aportación de Carmen Amaya al baile, entre otras cosas, por eso era una gitana genial también desde una interpretación estrictamente crítica, ella introdujo algo distinto que hasta entonces no tenía carta de naturaleza entre las bailaoras. Las bailaoras siempre han bailado de cintura para arriba, en el baile tradicional gitano y no gitano; como decía don Antonio Magriñena, en esa capacidad interpretativa que tiene el pueblo andaluz, que juntan a la gente con el pueblo gitano, ambos han formado una simbiosis cultural única, inigualable, donde no se sabe dónde empieza lo payo y termina lo gitano, o donde empieza lo gitano y termina lo payo, porque es un pueblo que ha sido capaz de expresar de una forma conjunta una manifestación artística que pertenece a toda la comunidad. Reconociendo esa realidad, las gitanas y las no gitanas siempre han bailado de cintura para arriba, ha habido como una especie de reconocimiento, esa manera de mover las manos de la mujer bailaora, esa forma de contonearse, esa manera de expresar, de dibujar como han dicho los poetas con sus dedos y con sus manos, todo un mundo de poesía y de ilusión, esa ha sido la realidad del baile hasta Carmen Amaya. Carmen Amaya baila de cintura para arriba, pero introduce como elemento diferenciador de su personalidad el baile de cintura para abajo. Y a partir de Carmen Amaya, sus piernas se convierten en metralletas, las piernas de Carmen Amaya embutidas en aquellos pantalones, hasta entonces las gitanas y las no gitanas no bailaban con pantalones, bailaban con su traje típico de faralaes, con su traje de gitanas; es ella la que de alguna manera introduce la presencia de la bailaora con pantalones y aquellas piernas de ella machacando como martilletes fortísimos los escenarios, hizo de ella una imagen también absolutamente desconocida.

    Y llega a los Estados Unidos. En el año 1941 viaja a Nueva York y Carmen Amaya actúa en el Carnegie Hall de los Estados Unidos y actúa… qué bien Luis, fíjate con quien intervino, intervino con Sabicas Antonio de Triana. Pero en otra ocasión, ella lo hace… nada más que faltaba El Niño Ricardo, para que fuera la trilogía de los artistas más importantes que ha dado la historia en el ámbito de la guitarra.

    Y regresó a España, no lo sé, porque aquí no he sabido yo encontrar entre la investigación que he manejado, porque no vino antes, o si le puso algún impedimento el franquismo, al menos yo no he encontrado demasiada explicación que me haga entender si no pasó nada o si veían bien que viniera. Lo cierto es que ella llegó aquí en 1947, en el 47 llega a España, en el 51 empieza a bailar y lo hace en el Teatro Tívoli de Barcelona.

    En el 59 se inaugura su fuente, la fuente de Carmen Amaya que se hizo como consecuencia de un homenaje popular. Fijaros bien, en el 59, pero si ella era muy joven, si murió con 46 años… ya un homenaje popular en Barcelona hace que se le consagre su fuente.

    Y llegó el momento de su actuación estelar, como no, en el Palacio de la Música. Yo lo he escrito aquí textualmente, para que nadie diga que hablo con pasión o exagerando los términos. “Se celebró una función benéfica”, ella siempre colaboraba en todas las funciones benéficas a las que se le llamaba, dicen, “y el Palacio de la Música registró el mayor lleno de su historia”. No es extraño, no es extraño que Barcelona, esta tierra, los gitanos de la tierra y los no gitanos, se sintieran orgullosos de ella.

    En Europa hizo cosas maravillosas, en París, en el Teatro Princesa de Londres, en Roma, en el teatro de los Campos Elíseos, incluso tengo constatado que hasta en Sudáfrica nuestra genial Carmen Amaya demostró su capacidad artística y la belleza inigualable de su baile.

    En Londres, la reina fue a verla y al día siguiente una fotografía de la reina y de Carmen Amaya, ocupó la portada de todos los periódicos londinenses y se pusieron de acuerdo en ambos se decía al pie de aquellas dos efigies “Dos reinas, frente a frente”. ¡Qué bonito! Una gitana humilde, una reina de tanta importancia y de tanto dominio en el mundo como podía ser la reina de Inglaterra.

    Llego a otro capítulo queridos amigos, para mi especialmente entrañable, yo diría en Puerto Real, en mi tierra, donde nací, cuando murió Carmen Amaya, todavía no pasaba ni siquiera por mi mente que algún día yo me vendría a vivir a Barcelona, mi madre todavía estaba viva, mi madre por cierto murió con la misma edad que Carmen Amaya, también era una gitanita joven, tenía 46 años igual que tenía Carmen Amaya.

    Pero yo estaba allí, y lo recuerdo porque yo ya era un muchacho mayor, si cuando yo vine a Barcelona yo ya tenía 22 años, no vine siendo un niño, ya sabía perfectamente donde venía y de donde venía, qué dejaba y qué era lo que buscaba. Y recuerdo perfectamente en mi pueblo cuando llegó la noticia de la muerte de Carmen Amaya. Una noticia que conmocionó al mundo gitano, al mundo de los payos a todo el mundo que de alguna manera tenía vinculaciones con el flamenco, sabían valorar lo que el flamenco representaba.

    Y desde mi Puerto Real natal hasta Barcelona, cuando llego aquí la primera cosa que me ofrecen para participar en un acto público, es dirigir un cine fórum sobre la película Los Tarantos. He dirigido cine fórums de la película Los Tarantos cincuenta veces, cien veces, no sé cuánto, me la sé de memoria la película, he intervenido dirigiendo los debates después de ver la película Los Tarantos, muchísimas veces… Por eso Los Tarantos, la última película que hizo Carmen Amaya, forma parte de su tarjeta de presentación, yo creo que ni siquiera las quince, diecisiete películas en las que ella intervino con mayor o menor grado de protagonismo, tienen la fuerza de Los Tarantos para ofrecer al televidente hoy, al asistente a las proyecciones cinematográficas de entonces, un flash auténtico de la personalidad de aquella gitana.

    Habéis visto la película de Los Tarantos, no verla es un pecado. Hay que ver la película Los Tarantos y hay que verla muchas veces para saber hasta qué extremo Rovira Beleta, el gran director de aquella época, fue capaz de plasmar en aquella película aquella maravillosa versión de "Romeo y Julieta" trasladada a una barriada gitana de Barcelona, nominada al Óscar a la mejor película en habla no inglesa y basada en un obra teatral de Alfredo Mañas.

    En la ciudad de Barcelona se recrudece, en un violento enfrentamiento, el odio de dos familias gitanas rivales: "Los Tarantos" y "Los Zorongos". Rafael, el Taranto conoce, en el marco singular de una boda, a Juana, La Zoronga. Los dos jóvenes, envueltos por la magia de la fiesta, se juran amor eterno con un pacto de sangre. Tras una noche de amor, descubren con desesperación que pertenecen a las dos familias rivales. Angustias, la madre Taranta, seducida por el embrujo del baile de Juana, supera el odio familiar, pero Rosendo el padre Zorongo se niega aceptar el enlace.

    El niño de una familia y la niña de la otra familia enfrentadas se querían casar, querían vivir juntos y en medio, como es natural , estaba la figura de quien no quería consentir una cosa como esta.

    Si pensáis conmigo en la película, os quiero trasladar a una de las imágenes más bellas de Los Tarantos, que es Las Ramblas de Barcelona por la mañana temprano con el sol recién salido, esta es una de las escenas más maravillosas de Rovira Beleta, se la dedico a mi hijo además, que está aquí sentadito y que sabe mucho de cine y que le gusta mucho hacer cine. Es una de las imágenes más bonitas de la película, cuando los jardineros de Barcelona, los barrenderos que barren la calle con escobas pero también con chorros de agua inundan Las Ramblas barcelonesas, delante de tu casa, de tu establecimiento, y se produce ese fenómeno físico que es la descomposición del agua para formar el arco iris y como el sol recién saliendo de nuestro Mediterráneo cercano, donde está la estatua de Colon por cierto hoy revestida, desde ahí que vienen los rayos de sol, rompen sobre aquellos chorros de agua absolutamente maravillosos, dibujando algo absolutamente imposible de imaginar si no se ve ¿y sabéis quien surge en medio de aquel chorro de agua, de aquella descomposición de luces tan bella? Antonio Gades, Antonio Gades bailando, es que el baile de Antonio Gades en esa parte de la película, bueno, era realmente lo que más se podía semejar a lo que posteriormente sucedió con Carmen Amaya.

    ¡Dios Carmen Amaya! Algo viejecita, si es la última… ¿viejecita! Murió con 46 años, pero viejecita, arrugada por la enfermedad… ¡Es la última película que Carmen Amaya hizo, después de esa película se murió! Ya no hizo más, ya no bailo más. Hubo que interrumpir la película de Los Tarantos.

    El gran médico barcelonés, el Doctor Puigvert, nefrólogo, una de las personas mayormente conocidas de la terrible enfermedad que tenía Carmen Amaya le dijo: “No puedes bailar, es que si bailas aceleras la propagación de la enfermedad” y ¡Carmen Amaya quiso seguir bailando! Rovira Veleta, tuvo que interrumpir la filmación de Los Tarantos en más de una ocasión, porque Carmen Amaya ya no podía.

    Es una escena realmente impresionante, Carmen Amaya bailando por bulerías en un momento de verdadero frenesí, en la playa y en Montjuïc; y Carmen Amaya que esta es la escena que a mí más me gusta, si la recordáis conmigo, cuando como si estuviera bailando en un teatro, tocaba con los pies en el suelo con una velocidad inusitada, pero acompañaba al mismo tiempo el ritmo de los pies con el que ella estaba identificándose con la música que sonaba, tocando en la mano, de aquella forma magistral con que los flamencos que lo saben, saben llevar el compás del baile. Algo absolutamente trepidante.

    La carita de Carmen Amaya al final de su vida. Aquellos pies que todavía seguían siendo las metralletas que enamoraron al mundo y aquellas manos que eran el conocimiento inequívoco de eso tan difícil que en el arte se llama el compás, llevando el compás a ultranza.

    Dejadme queridos amigos que ahora sea yo quien os transmita una experiencia de tipo personal que me identifica absolutamente con esta imagen de Carmen Amaya. Mirad, en el año 1971 yo también era muy joven, tenía veinte-y-tantos años…, asistí en Londres al Primer Congreso Internacional del Pueblo Gitano, 1971, Franco vive, aún faltaban 5 años para que Franco muriera, me invitaron a asistir a aquel acontecimiento y en él estuve y tuve la inmensa suerte, a pesar de mi juventud, de haber asistido al nacimiento de lo que fue el movimiento gitano más importante de carácter mundial, 25 países representados, gitanos del este y del oeste y un deseo de ofrecer a la sociedad una imagen distinta de una comunidad compuesta por 14 millones de personas extendidas por todo el mundo, que se sentían orgullosos de ser lo que eran y que querían seguir siendo gitanos. Pero era el año 1971, la Segunda Guerra Mundial terminaba hacía poco tiempo, ¡en el 45! En el 45 entraron los rusos liberando el campo de concentración de Auschwitz, en el 1971 todavía quedaban vivos, algunos, sacrificadas víctimas de los campos de concentración que no llegaron a morir en las cámaras de gas. Medio millón de gitanos mató Hitler en los campos de concentración, 5 millones de judíos mató la ceguera nazi en aquellos campos de exterminio…

    Y en 1971, en aquella reunión a la que yo, jovencito, asistí en Londres, apareció una gitana guapísima, preciosa, llamada Raya Rubikova, una gitana cuyos discos todavía se pueden encontrar en algunos de los establecimientos de discos de pizarra antiguos. Apareció Raya Rubikova y ella participó en la creación del himno internacional gitano, el Gelem Gelem, yo vi cómo se componía aquel himno, era precisamente un gitano yugoslavo afincado en París, Jarko Jovanovic, el que con la balalaika fue componiendo lo que hoy cantan todos los gitanos del mundo como su himno internacional. Un himno que es el recuerdo a los mártires que murieron víctimas de la tragedia y del odio y de la ceguera racista en aquellos campos de concentración.

    Gelem, gelem lungone dromensar

    maladilem baxtale Rromençar

    Es decir, el gitano está cantando y está diciendo cómo unas legiones negras, llevaron a las cámaras de gas a tantos hombres, a tantos ancianos y a tantos niños que no habían cometido más pecado que el de ser gitanos.

    Y una noche, una noche queridos amigos… los que estábamos allí le montamos a Raya Rubikova un improvisado escenario, un escenario con cuatro tablas, un escenario no como esta maravilla de escenario, un sitio sobre el que ella se pudiera subir, para que  interpretara por primera vez en la historia el himno gitano que se acababa de componer. Y aquella gitana cantó. Y yo me acuerdo ahora querido Luis de Raya Rubikova y estoy viendo a Carmen Amaya, estoy viendo a Raya Rubikova cantando la tragedia de su pueblo martirizado en las cámaras de gas y estoy viendo a Carmen Amaya dando con las manos sobre la mesa, pateando con toda la fuerza de que era capaz el escenario con sus pies, llorando por la tragedia que ella sabía que se avecinaba para su hijo y para la otra familia enfrentada, y mientras que Raya Rubikova tirada literalmente en el suelo, me parece como si la estuviera viendo, tocando con sus pechos, tirada en el suelo, acostada en el suelo, tocaba con sus pechos aquellas maderas y golpeando con las manos entonava el estribillo del himno: “A Rromalen, A chavalen” que quiere decir en lengua gitana “Ay mis hombres gitanos, Ay mis niños gitanos”; Raya Rubikova estaba recordando la tragedia, ¡pero si sus padres, sus hermanos, sus sobrinos habían muerto en las cámaras de gas! y golpeaba con las manos aquellas maderas y decía “A Rromalen, A chavalen” y en medio, a mi imagen viene Carmen Amaya, la tragedia de su hijo que va a morir apuñalado dentro de nada. La tragedia que ella sabía que se avecinaba por el enfrentamiento entre aquellas dos familias y de qué forma lo podía expresar, cómo supo Rovira Beleta transformar esa realidad y convertirla en una belleza plástica, para que el espectador viendo aquello le crujieran las entrañas por dentro y entendiera lo que se le estaba diciendo…. Una gitana, que golpea con todas sus fuerzas las maderas, que toca con sus manos sobre la mesa siguiendo el compás dificilísimo que representan los cantes más difíciles y transmitiendo un sentimiento que es imposible expresar con palabras si es que no se vive.

    Queridos amigos, damos un salto en la descripción que estamos intentando hacer de las vivencias que más la representan, el conocimiento de la vida de Carmen Amaya, para entrar en otro aspecto, este ya mucho más interno, su vida de casada.

    Carmen Amaya se casa con Agüero y se casa con un payo, Carmen Amaya no se casó con un gitano, con un  payo de Santander, además… un payo del norte; dicen que un día estaban en Montpellier, Juan Antonio Agüero engañó a su padre, le dijo que se iba a Sevilla para hacer no sé qué estudios; le gustaba mucho tocar la guitarra y además era guitarrista y parece ser que no tuvo éxito en lo que iba a hacer allí, entonces tuvo la posibilidad de enrolarse en la compañía de Carmen Amaya; Carmen Amaya se lo llevó con ella y un día en el año 1951, tenía Carmen Amaya ya 38 años cuando se casó, en Montpellier, dicen -lo tengo aquí escrito textualmente- que Juan Antonio Agüero se acercó a Carmen Amaya, hablándole muy respetuosamente de usted, y le dijo “¿A qué no se casa usted conmigo?” Y dice que Carmen Amaya le respondió: “¡A que sí!” y en aquel momento determinaron casarse, el 19 de octubre de 1951, aquí en la iglesia de Santa Mónica, escasamente a pocos metros de donde estamos reunidos ahora, Carmen Amaya se casó.

    Una periodista le preguntó a Carmen Amaya un día cómo era su vida con su marido, cómo se llevaba con él… una gitana de tanto temple y un payo de las montañas del Norte y aquí con letras grandes, ya lo ves Luis, tengo las palabras textuales con que Carmen Amaya contestó:

    “Verás, como a él yo le corro por las venas, se lía con la guitarra y me sacude. A los otros tengo que levantarlos yo, a él no, porque sale como una bala. Yo bailo primero para él, y como a él le gusta el baile más que a nadie, me sale sin esfuerzo. ¿Tú lo comprendes? Me sonsaca y, tenga ganas o no, él me hace bailar.”

    Y le dice la periodista “¿Entonces Carmen Amaya eso que quiere decir, significa eso que le quieres?” y le dice Carmen Amaya, en una imagen tan preciosa como la que salió de su boca “¿Que si le quiero? No lo sabes tú bien. ¡Dónde pondré yo a este Dios para que no le dé el aire!”.

    ¡Cuánta belleza! ¡Cuánta ternura! ¡Dónde pondré yo a este Dios para que no le dé el aire!”, que esté más protegido, que esté en definitiva mejor situado.

    “Yo, cuando llevo unos días sin bailar, me siento como un león enjaulado” decía ella. Para ella el flamenco lo era todo: “En el flamenco, más que movimiento lo que hay es una cadencia, no sé cómo explicarlo, una cosa que sale porque sí; en fin, es hacer una cosa razonable dentro del arte y, eso sí, echar los hígados. Cuando bailo aprieto las mandíbulas” – es verdad se le ve en las películas como aprieta las mandíbulas cuando está zapateando- “Cuando bailo aprieto las mandíbulas y no me doy cuenta del público; si en la primera fila hubiera un tipo con un revolver, yo no me enteraría.”

    “¿Que cómo sé yo si una bailaora es buena? Si se coloca como Dios manda, zapatea, sube los brazos y da vueltas como tiene que ser, yo digo: muy requetebién, es un fenómeno. Pero mover sin ton ni son las manos, vapulear el vestido como si tuviera polvo y enseñar lo que una enseña, además del movimiento de aquí – y ella se señalaba las caderas, dice Carmen Amaya- eso no es flamenco.”

    Yo no sé si alguno de los llamados flamencólogos de aquí podría hacer una definición más precisa, de lo que esta mujer nos refiere en el lenguaje popular que todo el mundo entiende, lo que ella valora como una expresión realmente de lo que pretendemos decir.

    Para terminar me gustaría decir algo en favor del marido de Carmen Amaya. Estamos hablando de Carmen Amaya y yo creo que Juan Antonio Agüero merece un recuerdo, merece nuestro cariño y merece nuestra consideración. El hombre que supo estar con ella en Begur cuando encontraron esa casita en la que finalmente Carmen Amaya murió después de terminar la película Los Tarantos.

    Dicen los que conocen la vida de Carmen Amaya y la vida de su marido, que cuando murió Juan Antonio se fue a su casa de Begur, se encerró en el sótano de aquella casa y estuvo una semana entera sin comer y sin salir al exterior, dicen que solamente se fue con una caja de whisky y con una gran maleta con todas las fotografías que tenía con Carmen Amaya a lo largo de los años en que vivieron juntos.

    A partir de ese momento Juan Antonio Agüero nunca más volvió a tocar la guitarra en público, cuando salió de su casa de Begur se fue a vivir a los Pirineos, busco una cueva de un pastor y durante muchos años Juan Antonio Agüero vivió abandonado y abandonando el mundo en aquella cueva de la montaña rodeado de las fotos de su Carmen Amaya, recordando momentos de felicidad absolutamente irrepetibles.

    Siempre vestía de negro y una vez al año, con la luna llena, él se iba caminando hasta el cementerio de Begur, solo, nadie le acompañaba, era muy tarde y era de noche, y Juan Antonio Agüero, saltaba las tapias del cementerio, el cementerio estaba cerrado, él quería ir tarde, quería tener la garantía de que nadie le iba a ver, y una vez al año al conmemorar la fecha de la muerte de Carmen Amaya, aquel Dios al que ella no sabía dónde colocar para que el aire no le diera, saltaba la tapia del cementerio y limpiaba la tumba de Carmen Amaya, seguramente llena de barro, de polvo, casi abandonada, nunca mejor dicho, de la mano de Dios…

    Y una vez que tenía la tumba limpia, aquel hombre cogía su guitarra y llorando, le tocaba la guitarra a Carmen Amaya.

    Tal vez, querido Luis, con este homenaje que tú le estás haciendo a la gran gitana, a la gran bailaora, me recuerda como si tú también le estas rindiendo un homenaje, que eres guitarrista, en la persona de Juan Antonio Agüero, el hombre, el Dios al que Carmen Amaya no quería que le tocara el aire y al que hoy, creo que en justa correspondencia porque no era gitano, y nosotros le queremos como si fuera gitano, le rendimos este culto de homenaje y de gratitud.

    Muchas gracias.

    Terminada la intervención de Juan de Dios Ramírez Heredia, abogado, periodista y presidente de Unión Romaní y diputado del Parlamento Español durante 20 años, se inicia el turno de palabra para los contertulios Luis P. Adame,  Antonio Fernández “Fosforito”, actual poseedor de la Llave del Cante, los escritores y periodistas Emilio Jiménez Díaz y Gonzalo Rojo y Rafael Perona, Presidente del Centro Cultural Gitano de la Mina y las descendientes de la bailaora del Somorrostro, Wiiny y Karime Amaya, sobrina y sobrina nieta de Carmen Amaya, respectivamente.

    Luis P. Adame

    Gracias Juan de Dios.

    Bueno, se cumplieron todas las expectativas y emoción que esperábamos de Juan de Dios Ramírez Heredia. Para no alargarnos más, como el tiempo nos apremia porque a las 20:15h tenemos un espectáculo, ya que esto es un tablao flamenco, se me ocurre que en estos 20 minutos que tenemos, después de las palabras de Juan de Dios, me gustaría que la familia de Carmen Amaya, Karime y La Winy,  hicieran algún comentario tras este emotivo recorrido por los recuerdos de Carmen Amaya.

    Mercedes Amaya (La Winy)

    Gracias Luis. Buenas tardes a todos.

    Quiero agradecerte Luis por estar aquí, quiero agradecerte por tu casa, por Tablao Flamenco Cordobes que es un patrimonio y la casa de los flamencos, del mundo flamenco. Gracias por seguir con tu casa, por tener los pedazos de artistas que tienes, es un honor estar en tu casa y estar contigo, es un honor estar con usted maestro “Fosforito”, de verdad, pedazo de cantaor, pedazo de artista y enciclopedia.

    Yo conocí a tu padre, le dice Antonio Fernández "Fosforito" a La Winy.

    Yo lo sé que usted conoció a mi padre, Chiquito de Triana, mi padre, cantaor de Sevilla, al que más estudiaba en el mundo, era despertarse en la mañana y eran discos de “Fosforito” y nos acostábamos con “Fosforito”. Ella mi madre, Antonia, hermana de Carmen Amaya, le decía “pero hijo quítalo ya por favor, ¡que me voy a enamorar de Fosforito. Todo el día con Fosforito!”

    Era un gran admirador de usted de toda la vida mi padre.

    Bueno, las palabras de este hombre me han emocionado muchísimo.

    Yo nada más puedo comentarles la verdad, no tuve la suerte de conocerla la verdad, nací en el 65 mi tía murió en el 63, mi hermana La Choni si, que me lleva 17 años; mi hermana llegó a trabajar con Carmen Amaya, con mi madre, con mi Leo, mis hermanas, con todos, por la gira y por todo.

    Por boca de mi madre, por boca de mi tía Leo, por boca de mi tía María, la más chica, que son con las que me he criado y me he rozado de toda la vida, pues que era una mujer excepcional, una mujer llena de amor, de cariño, Carmen Amaya era… rompía los moldes. De verdad, no es por nada pero todo lo que tenía de buena artista, dice me madre “hija era mejor persona que artista. Mucho mejor persona que artista”.

    Entonces bueno, pues es un orgullo poder estar aquí, me hace mucha ilusión porque han habido muchas cosas de Carmen Amaya, donde casi en la mayoría no ha estado su familia, ni ha podido opinar ni decir una palabra, estando sus hermanas vivas, como era mi madre, o Leo o María, y nunca les preguntaron nada, y yo veía los documentales y siempre me preguntaba, qué raro que la gente nunca haya preguntado a ellas algo de lo que vivieron, porque vivieron muchísimos años y muchísimas cosas con ella. Pero bueno, hoy ya no están, han muerto todas, para el mi poder estar en nombre de ellas pues es una maravilla.

    Y bueno eso que dice usted, fíjese que estamos pensando toda la familia, es un sueño que tenemos. Carmen Amaya está enterrada en Santander, la enterraron en Santander que es la tierra de Juan Antonio, y la familia estamos pensando porque no traer a Carmen Amaya a Barcelona. Hablar y mover y ver, porque Carmen Amaya merece estar en su Barcelona, que es su tierra, enterrada y merece tener una tumba con su nombre, porque en Santander no está ni el nombre de Carmen Amaya puesto en la lápida, ni el nombre. Pone familia Agüero… ¡No está ni su nombre! Y eso, siendo Carmen Amaya quien ha sido Carmen Amaya, merece como cualquiera de nosotros, como ser humano, tener tu tumba con tu nombre y tener un sitio al que la gente catalana y la gente del mundo del flamenco podamos ir y dejar una flor en su Barcelona. Yo… vamos, yo lo veo así y mi familia también, cuando lo hemos hablado que ojalá se pudiera. Lo vamos a intentar, yo no soy quien, soy la menos indicada yo, para hacer eso, pero si hubiera la posibilidad créanme que el deseo, por lo menos de la familia, es que Carmen Amaya estuviera enterrada aquí en Barcelona.

    Luis P. Adame

    Bueno, recogemos esa idea. La verdad es que le tienta a uno, no, abordar una cosa como esa. A lo que Juan de Dios Ramírez Heredia, le responde: “¿Lo intentamos los dos?” Y el Sr. Adame le contesta: “Podemos intentarlo. ¿Y si esto naciera aquí? A lo que Heredia, le responde: “Yo estoy seguro que muchos estarían dispuestos a intentarlo, Fosforito se junta con nosotros, ya somos tres”  Y el Sr. Adame le cede la palabra, diciéndole “A ver Antonio, dinos algo”.

    Antonio Fernández “Fosforito”

    Yo conocí a Carmen Amaya y conviví con ella y me tomé con ella unas copitas de chinchón, a ella le gustaban mucho las copitas de aguardiente. Ella estaba preparando un espectáculo en el Cine Goya, en Madrid y, en contra de lo que pensaba todo el mundo, aguantó una vida con el arte, dando arte, y fue una bailaora que rompió todos los esquemas y a partir de ella empezó a bailarse bien, a bailarse bien de pies que nunca se habían empleado. Y alargando el baile, dándole otra medida, otros conceptos, otra estética porque, es cierto, vosotros lo sabréis como bailaoras, los bailes antiguos tenían unas medidas, la escobilla, el paseíllo, el zapateao más uno y duraba 8 minutos, con Carmen Amaya podían ser 20, podían ser 30, porque era según el momento de la inspiración y hacia un zapateao aquí que sonaba diferente y en este lado del tablao sonaba distinto. Era un genio irrepetible, es cierto. Pero yo la conocí porque, les voy a contar una escena, a pesar de esos pies que ella tenía y no fue la primera que bailo en pantalón, ya a primeros del siglo XIX había una que ya bailaba, La Cuenca, una que se llamaba María La Bochaca y hasta hubo una que bailaba con Marife de Triana que lo hacía con un traje de torero.

    Lo que hizo Carmen Amaya fue romper los moldes en el vestir, romper la estética, dándole una nueva estética al baile. Pero os cuento la escena… entra con ese garbo que ella entraba por la alegría, allí actuaban varios artistas destacados del momento, como El Caracol, Rafael Ortega, se juntaban todas las tardes en El Corral de la Morería y alguna tarde Carmen Amaya iba y les cantaba y bailaba por alegrías y seguiriyas, saliendo al escenario de El Corral.

    Ella era un cable de alta tensión, era así, nada más que era músculo, no la podías tocar, era piedra pura, pura fibra, en ese garbo con que ella salía con una bata de cola, el escenario del cine Goya no era muy grande pero a pesar de eso desde el centro y con un taconazo se envolvió como un minarete con la bata de cola, a partir de allí el delirio. Ella rompió, hizo un espectáculo donde nos marcó para toda la vida y entró nuestro el corazón.

    Luis P. Adame

    Invitaría a Gonzalo y a Emilio a compartir algunas opiniones, yo sé que ellos tienen criterios muy precisos.

    Gonzalo Rojo

    Yo solamente una cosa quería decir, yo vi a Carmen Amaya bailar hace veinte o veinte-y-tantos años, después de organizar esa compañía que Antonio dice en el Goya en Madrid. Llegaron a Málaga, la compea, llegó ella con su gente y esa si fue la última actuación que tuvo Carmen Amaya. De Málaga se fue a Alicante, se anunció en Alicante y allí hubo que suspender la función porque la afección renal que ella padecía ya era imposible.

    Y con respecto a Agüero, les quiero decir una cosa que posiblemente conozca poca gente, no Antonio que lógicamente es malagueño de adopción. Agüero vivió mucho tiempo en Torremolinos, después de morir Carmen Amaya y de estar en los Pirineos y tal, se va a Torremolinos y de Torremolinos cuando se muere ya es cuando trasladan su cadáver, bueno, él se muere antes va a Santander y una vez muerto él trasladan el cadáver de Carmen Amaya allí, al panteón de la familia de su marido. Muy bien, de acuerdo, pero ya tendrían que haberlo traído para acá… es que no tiene sentido que esté allí, y además, como tú has dicho que en su tumba no haya ninguna placa que la recuerde, por deseo de la familia de su marido, simplemente pone Familia de Agüero, ni dice y su esposa doña Carmen Amaya, allí no dice nada, simplemente Familia de Agüero, eso es lo que uno se encuentra en el cementerio de Santander, así que vamos a intentar que Carmen Amaya vuelva a Barcelona.

    Emilio Suárez

    Bueno, buenas noches, en principio también, por supuesto, estoy muy de acuerdo con que se hagan las gestiones que se tengan que hacer para que los restos de Carmen Amaya descansen aquí en Barcelona y con su nombre, evidentemente, ya que su nombre ha llenado toda una historia. Yo no tuve la suerte de conocerla, no tuve la suerte de conocerla, pero si me enganché a ella desde que yo era un zagalón, que ya me gustaban las cosas del flamenco, y me enganché porque encontré un libro, que hoy se lo voy a regalar a don Luis Adame, para que este libro esté siempre aquí en el Tablao Flamenco Cordobes, que es el primer libro que se escribe sobre Carmen Amaya y además en el mismo año de su muerte, el que escribió Salvador Montañes, Carmen Amaya La Bailaora Genial, que es además una joya bibliográfica, con ilustraciones de Mataix y que quiero que lo tengas en la vitrina de tu casa.

    Juan de Dios Ramírez Heredia, comenta: Como lo he buscado ese libro hoy en mi casa, no sé dónde lo tenía y me lo traje de Puerto Real…

    A lo que Emilio Suárez responde: yo lo tengo de la familia, de la biblioteca paterna, creo que es un tesoro, es un libro iluminado, es un libro iluminado, ella muerta con su mantilla blanca, donde le pusieron ciertas iluminaciones.

    Supe mucho de Carmen Amaya, porque yo durante muchos años y hasta su muerte tuve una gran amistad, yo he ido a Madrid y me he quedado en su casa, después cartográfica, con una persona, una gran bailaora que la conoció muy bien que fue Pilar López. Pilar López, con la que pasamos juntos muchos años, los más difíciles después de la Guerra Civil cuando ellos se tienen que ir para América. donde también le acompañaron algunos paisanos míos, la acompañaba el pianista Manuel García Matos y su hermano Antonio Triana y su hija, la hija de Antonio Triana que eral Luisa Triana que todavía vive allí en Sevilla y siempre me han contado muchas cosas de Carmen Amaya.

    Y cuando yo le decía a doña Pilar López, Pilar ¿cómo una persona tan delgada, tan poquita cosa, como podía bailar, como decía Antonio antes, que cuando hacía así y pegaba una revolera -yo le regalé una foto a Francisco Hidalgo para la biografía que hizo sobre Carmen Amaya- y que la bata la tiene arriba,  tiene tres metros de bata en su cabeza, por encima de su cabeza; eso era imposible.

    Como en el artisteo que suele haber tantas envidias, que una vez que una persona destaca, pues siempre hay algún artista que “bueno hoy le ha salido así, pero no es una persona que…”, sin embargo Pilar López me decía “Emilio, esta mujer no podía tener nunca envidia de sus rivales y no podía tener envidia porque no cabía, no se podía, ella era diferente a todas, era la más racial, la más anticalamicista y la más pura, pero no solamente pura en el baile – me insistía Pilar - sino en el arte y en el corazón”.

    Esas cosas también hay que contarlas de Carmen Amaya.

    Luis P. Adame

    Gracias Emilio, esto es una joya, verdaderamente que estará en nuestra vitrina y en nuestro corazón claro –refiriéndose al libro-.

    Yo quisiera que Rafael nos dijera si aquel mundo del Somorrostro y la figura de Carmen Amaya, ha tenido trascendencia en el mundo gitano de Barcelona y qué relación tienen ahora las comunidades gitanas con todo aquel mundo del Somorrostro que pinta Rovira-Beleta en Los Tarantos. Qué nos puedes decir de eso.

    Rafael Perona

    Hombre yo tengo que decir que, como el compañero Emilio, yo tampoco he conocido a Carmen Amaya, debido a mi juventud, yo también soy del 65, con lo cual no tuve el placer de conocer a la genial bailaora.

    Verdaderamente a mí, yo me paro a pensar porque los datos que podemos obtener de Carmen Amaya y la información que tenemos es mucha. No hay nada más que echar mano de las biografías, que echar mano de los libros y de todo lo que se ha escrito sobre Carmen Amaya y lógicamente acabaremos aprendiendo detalles y acabaremos aprendiendo y teniendo mucha información.

    A mí, particularmente a mí, me ha interesado siempre la Carmen Amaya gitana, la Carmen Amaya donde existe un paralelismo de su vida precisamente con la historia más inmediata de lo que es el pueblo gitano. Yo creo y, perdonadme porque voy a intentar de pasar, yo tampoco he traído nada escrito porque como bien dice nuestro primo Juan de Dios es complicado después de tantas figuras, hacer digamos una disertación más o menos fidedigna de lo que es la figura de Carmen Amaya, con lo cual yo he pensado en ir apuntando en función de lo que se fuera hablando y más o menos aquí tengo algunas chuletillas que más o menos  iré intentando dar el tiempo cronológico.

    Tendemos, generalmente porque el ser humano es así, tendemos a mitificar a aquellas figuras de relevancia y es bueno que se haga esto porque luego esas figuras acaban siendo referentes de los buenos valores y a veces los acabamos olvidando, como se dijo en aquel momento cuando se perseguían a los judíos en la edad media, “olvidáis que verdaderamente perseguís y nos acabáis persiguiendo y estáis adorando a un judío”.

    Yo quiero, precisamente pararme en la época en la que Carmen Amaya vino aquí, dicen que vino en el 1913, dicen que vino en 1913… incluso algunos biógrafos discuten la edad de Carmen Amaya, bueno vino no, nació mejor dicho… Yo al hijo de Winy le pregunté, tuve la ocasión de preguntarle el otro día él me atestiguaba que los padres de Carmen Amaya, El Chino y La Micaela, ya eran nacidos aquí en Barcelona, y que probablemente, lógicamente, seguramente serían sus abuelos los que vendrían de Granada, parece ser.

    Empiezan a enfrascarse ya con Carmen Amaya en vida, sobre las fechas, sobre si era de Granada, si era de Cataluña, si Carmen Amaya era de aquí o si Carmen Amaya era de allá… y Carmen Amaya no le daba importancia en absoluto. Yo me quedo con el paralelismo que ha hecho nuestro primo Juan de Dios, precisamente ese paralelismo que él ha hecho con su vida y los acontecimientos que él ha vivido y que precisamente los puede aplicar a aquellas anécdotas de Carmen Amaya que venían por aquí descritas.

    Carmen Amaya a veces contestaba y decía “si yo soy granaina” y otras veces decía “coño, que soy catalana, que parece que solo sean las granainas y que tal y que cual…” Para un gitano de aquella época, ¡hoy no! cobramos pensiones, tenemos que estar dentro de un sistema y de una base de datos… En aquella época a un gitano le daba igual cuando había nacido, era irrelevante, porque el gitano nacía, se criaba y estaba en la infancia en el gineceo de su madre, de su abuela y de las hermanas que lo criaban; cuando llegaba a la edad adolescente, que él se podía enamorar, lo casaban y luego cuando empezaban a salirle las arrugas le llamaban tío o le llamaban tía, y ya está Para qué saber si teníamos veinte, cincuenta o sesenta años, ¡es irrelevante!

    Esto cuando yo lo discutía se enfadó bastante conmigo el biógrafo… eh, ahora no recuerdo su nombre, que mi abuela cuando le preguntaban la edad decía que ella tenía cuatro billetes de veinte duros y tres dedos más y eso es una realidad como un templo.

    Tampoco era irrelevante, porque cuando la familia de Carmen Amaya, salieron de la nada, probablemente esto entra del mundo del campo de la hipótesis, cuando ellos salieron de la nada, seguramente a la bola de los acontecimientos de la expo de 1988, vinieron a una Barcelona donde precisamente a lo mejor ellos esperaban que se iban a encontrar un gran sueño. El sueño de encontrarse en una ciudad, como explicaba el otro día Manuel Heredia, dónde incluso la leyenda decían que aquí se encontraban cuando llegaban a Barcelona y te encontrabas los billetes tirados de mil pesetas en el suelo, con permiso de Manuel, que cuando llegaban los gitanos en el avión o en el tren en la Estación de Francia, cuando llegó y vio un billete de mil pesetas en el suelo, dijo “Bah… mañana empezaré”.

    Lo único que tengo que decir es que pensemos verdaderamente en la Carmen Amaya gitana, pensemos que yo el tema de las sardinas no me lo creo… es una leyenda urbana, yo también se lo he escuchado a La Gabriela, la madre de… y en los años 70, cuando a los gitanos nos quitaban de las barracas para llevarnos a los polígonos… los burros también estaban dentro de nuestras casas, cuando es una cosa impracticable que lógicamente nadie lo sabe.

    La fuerza de Los Tarantos de Carmen Amaya que esto es algo irrepetible, esto sí que ha quedado grabado para la historia.

    Decir con todos mis respetos a Fosforito que es una persona a la que admiro muchísimo como cantaor lógicamente, que La Cuenca¸ sí que es verdad que fue la primera que bailaba con pantalones, pero las crónicas hablan de eso como algo anecdótico, que bailaba con pantalones, sin embargo Carmen Amaya bailaba con pantalones y además de bailar con pantalones empleaba la técnica de un baile propio para bailarlo con pantalones, o sea, era increíble, era única.

    Y con el tema de los médicos de Carmen Amaya que le dijo que no podía bailar… bueno, todos sabemos que a los gitanos los médicos no nos gustan absolutamente nada y el caso de mi padre que era diabético y últimamente teníamos que vigilarlo porque… y una pequeña anécdota, a Terrremoto los médicos le dijeron “como te bebas una botella de coñac más, te mueres!” Terremoto se fue, salió de la clínica, se metió en una bodega y se compró una botella de coñac y unos vasos, se puso en la puerta del cementerio y empezó a beber buchito a buchito y cuando se terminó la botella, dice “este payo ni es médico ni es na….”

    Muchas gracias.

    Luis P. Adame

    Gracias. En fin, os quiero decir, lamento esta prisa pero tenemos un compromiso con el público y, vamos a ver, os quiero decir que esto es un ciclo de cuatro conferencias así es que va a haber la oportunidad Rafael, de que todo lo que te ha quedado y lo que te ha quedado a ti (refiriéndose a Juan de Dios Ramírez Heredia) y lo que nos ha quedado a todos, lo podamos manifestar, decir, hacer y expresar de la manera que lo debamos de hacer. Quizás, en lugar de empezar a la hora que hemos empezado, haya que empezar una hora antes, pero en fin, en momentos puntuales y quizás con motivo del espectáculo Con Carmen Amaya en la Memoria, que se va a representar en algunos sitios en Barcelona, organicemos algo que vaya unido a todo ello y lo hagamos con el tiempo para poder disfrutar sin prisas de todo este tema, que es, desde luego, histórico y apasionante.

    Os agradezco a todos, verdaderamente, que estéis aquí. Os agradecemos, en fin, todo lo que ponéis en ello y estoy seguro que si Carmen Amaya nos ve, que supongo que así será, estará verdaderamente satisfecha de pensar y de darse cuenta de la huella que dejó en el mundo y en nuestro arte y que además la queremos.

    Gracias a todos.