Anécdotas sobre la bailaora Carmen Amaya

    Anécdotas sobre Carmen Amaya por Juan de Dios

    Yo no cumpliría con mi obligación, si no contara la anécdota de las sardinas, lo sabéis todos, tengo obligación de contarla… Carmen Amaya iba por las calles de Nueva York y pasó por delante de una tienda de pescado, donde estaban vendiendo sardinas, y compró 2 o 3 kilos de sardinas y se las llevó precisamente a la suite imperial del Waldorf Astoria, el mejor hotel de Nueva York, que era donde la gitana genial estaba alojada. Dicen que cogió un somier obviamente metálico para que le sirviera de parilla, dicen, yo quiero pensar que no sería verdad, que ella con sus primos y con la familia que llevaba rompieron un par de mesillas de noche valoradas, en aquella época, en más de 900 Euros, algo necesitaban para quemar y la mesilla era de madera, entre el fuego de las mesillas y encima de aquella parilla improvisada que era el somier, asaron esos 2 o 3 quilos de sardinas que les supieron a gloria ¡en la suite imperial del hotel Waldorf Astoria de Nueva York! Dicen que el hotel entero olía a sardinas y que todo el mundo estaba escandalizado pensando qué es lo que había pasado allí.

    ¡Era tan genial!

    Yo no sé si será verdad lo que dicen algunos de sus biógrafos, que el entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, se enamoró de ella. No lo sé. La verdad es que Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos, la invita a actuar en una fiesta en la Casa Blanca. Esa que vemos en las películas donde reside el poder del mundo. Y la gitanita va a la casa blanca. También Roosevelt le regaló una chaqueta bolera con incrustaciones de brillantes, que ella desgarró en 30 jirones, para dar uno a cada componente de su compañía.

    Cuentan que cuando el presidente de los Estados Unidos le mandó su avión particular para que la recogieran en Nueva York y la llevaran a Washington, ella con el resto de sus primos, sus parientes, sus tíos, porque ella viajaba siempre con su familia, en algún momento llevaba hasta cuarenta personas, todos familia de ella o allegados de ella, en los sitios por los que actuaba y donde iba. Dicen que los gitanos tenían tanto miedo de subirse en un avión, pensaros en la época de la que estoy hablando, estoy hablando del año 1941 ¡fijaros bien que época! No había nacido ni yo…. Nací un poquito más tarde. Pues bien, los gitanos tenían miedo de subirse en el avión, dicen que sus primos se acercaban al avión y lo tocaban y decían “esto está muy blando”. No sé qué tipo de avión les mandaría el presidente Roosevelt a Carmen Amaya para llevarla a Washington. La verdad es, en esto sí que están conformes casi todos los biógrafos de la gitana, que para que subieran al avión, a alguno hubo que darle un poquito de cloroformo, porque si no era con cloroformo no se atrevían a subirse en aquel pájaro que volando les llevó a un sitio tan importante como es la Casa Blanca.

    No es extraño queridos amigos, que después de esto la revista Life, famosísima revista Life, cuya portada está reservada siempre para las grandes figuras del mundo del arte, de la ciencia, de la tecnología, de la investigación… reservaran una portada para nuestra genial Carmen Amaya.

    Fuente 1ª Conferencia Con Carmen Amaya en la Memoria en Tablao Flamenco Cordobes